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viernes, 22 de enero de 2010

HAITÍ: MÉXICANOS BAJO SU PROPIO RIESGO AYUDAN

Rescatan bajo su propio riesgo


Topos: si te tocas el corazón no avanzas



Un grupo de topos de Tlatelolco se alista para prestar auxilio en una de las zonas siniestradas de Puerto PríncipeFoto Isaac Esquivel/Cuartoscuro



Enviada
Periódico La Jornada
Viernes 22 de enero de 2010, p. 20


Puerto Príncipe, 21 de enero. Los Topos Tlatelolco y los Topos Cancún empacaron ya lo que queda de su equipo. Este incluye, desde luego, a Sofi, su perrita rescatadora raza schnauzer. Se van este viernes.


Ellos son los rescatistas mexicanos que se independizaron del “protocolo de salvamento en caso de desastre” de la ONU que la Marina-Armada y la Secretaría de Gobernación de México aplicaron a rajatabla. Este manual de escritorio, que algunos especialistas consideran que a partir de este desatre sin precedente debe revisarse, establece que en las primeras 72 horas debe concluirse el procedimiento de “búsqueda y rescate”. Por tanto, en ese instante su función concluye.

Para contradecirlo estuvo la imagen que ayer impactó las primeras planas de diarios de todo el mundo, cuando los Topos Cancún sacaron de los escombros de la catedral a una anciana, Anna Zizi. Ella iba cantando sus salmos a Dios, después de permanecer nueve días enterrada viva.


La restricción del gobierno mexicano provocó que cerca de 20 rescatistas mexicanos que fueron traslados a Haití en vuelos extraordinarios programados por la Secretaría de la Defensa, con un fuerte acento propagandístico, fueran regresados a México dentro de las primeras 24 horas, algunos con apenas cinco horas de trabajo en las zonas de desastre. En los mismos vuelos de la Armada regresaron a México carpas, plantas de luz y equipo que aquí se requieren desesperadamente.

Los topos no aceptaron las condiciones que desde el día 16 les propuso la directora de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, Ana Lucía Hill, apenas hicieron su arribo al aeropuerto Tousaint Louverture. Y partieron por su cuenta “y bajo su propio riesgo” –palabras de la funcionaria– a los territorios ignotos del desastre telúrico donde, siempre en las palabras de Hill, “la desesperación estaba pasando a la fase de la violencia sin control”.
“¡Qué impotencia!”

Ateridos por el largo viaje México-Panamá-Santo Domingo-Jimaní-Puerto Príncipe y advertidos contra la “turba de haitianos violentos y desesperados”, los topos deliberaron y, amparados en las redes solidarias de un personaje que se acredita como “embajador de la alcaldía de Puerto Príncipe” en el Distrito Federal, Félix Benoit, se internaron en las oscuridades del municipio de Carrefour, un extenso pobrerío golpeado duramente por el terremoto. Encontraron asilo en terrenos del Instituto Don Bosco, de los padres salesianos y las monjas Hijas de María. Y a las siete de la mañana empezaron jornadas intensas de solidaridad.


Mario Santiago, originario de Atlacomulco, y Leopoldo Galeano –cancunenses ambos– fueron asignados a la zona ocho, a cargo de la Misión México. “Apenas habíamos empezado a trabajar nos fueron a ordenar que saliéramos de ahí, que dizque por la inseguridad. N’ombre, qué impotencia siente uno”, dicen.

En ese momento, los topos optaron por actuar fuera del marco gubernamental mexicano. Los “tlatelolcas” –patrocinados por el gobierno del Distrito Federal– se integraron en Carrefour. Y los quintanarroenses, patrocinados por un hotelero de Cancún, a la institución católica Cáritas y al equipo cubano que trabaja en el hospital Renacimiento del siniestrado centro histórico.

Del Renacimiento regresan a México los doctores Carlos Antonio García (cirujano) y Juan Manuel Delgado (anestesista), tranquilos porque en este sitio crítico dejan como relevos al cirujano Carlos Aljuria y a la doctora Noira Saint Dia, egresada de la Universidad Autónoma de Guadalajara pero nacida en Les Cayes.

Corazón frío


No fue fácil. Los topos Cancún desembarcaron en el epicentro del espanto el día cuatro. “Te lo voy a confesar. Los primeros 10 minutos solamente quería llorar”. A 10 metros del hospital se acumulaban los muertos: medio centenar de restos sin que nadie los recogieran. Al hospital fluían los heridos. “¿Me crees si te digo que vi operar a los cubanos a 30 personas en un sólo día? Finalmente entendí cómo es la onda. Si te tocas el corazón no avanzas mucho. Mejor mantener la cabeza fría. A partir de ahí, todo fue aprender”.


Mario trabaja para Protección Civil de Cancún.

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