miércoles, 26 de enero de 2011
La telebasura y lo que viene
Los talk show del ocaso telegénico
Jenaro Villamil
PROCESO
MÉXICO, D.F., 25 de enero (apro).-
PRIMERA ESCENA: Emilio
Azcárraga Jean, en entrevista con Joaquín López Dóriga en Canal 2,
presumió que en 2011 su empresa impulsará una “Iniciativa México
recargada”, en referencia quizá involuntaria a la serie de películas Matrix.
El dueño de Televisa advirtió que irán en busca de “los héroes
anónimos”, y que para este año Iniciativa México tendrá “más asociados”
entre los medios de comunicación e instituciones académicas.
También anunció que regresará el programa cómico El Privilegio de Mandar, el
mismo que durante 2005-2006 sirvió como pasarela para promover a los
políticos-clientes del monopolio televisivo y burlarse de aquellos que
no estaban en su agenda de compromisos publicitarios.
Ante preguntas cómodas, Azcárraga Jean ofreció una visión idílica del
compromiso de su empresa “con México”, que constituye “una plataforma
muy clara a favor del país”. No abundó sobre el estreno de su talk show estelar, Laura de América, pero insistió que Televisa trabajará más por una “televisión de valores”.
SEGUNDA ESCENA: Laura Bozzo estrenó el mismo lunes 24 la edición de su talk show. El programa es una
ensalada que mezcla melodrama, gritos, regaños, supuestos casos reales,
“asesoría psicológica”, pero, sobre todo, propaganda nada velada a la
Fundación Televisa, a los “héroes” ciudadanos que reciben la andanada de
la demagogia de esta conductora.
“Debes comprar los libros de valores de la Fundación Televisa”, le
ordenó Laura a uno de sus invitados. En la edición de este martes, la
peruana mezcló el tema de la violencia contra las mujeres con el de los
hijos abandonados y las drogas. Se proclamó enemiga de la violencia
contra las mujeres, pero presumió a gritos su violencia verbal: “¡Una
mujer que abandona a sus hijos es una porquería, es basura!”.
La señora que se autohalaga como defensora de los pobres y de las
mujeres no se inmuta para humillar a los invitados, para recetarles todo
tipo de invectivas y de violencia verbal, para simplificar supuestos
casos truculentos de la vida real, como lo hizo en Perú, durante los
tiempos de Alberto Fujimori.
En la casa de enfrente, en TV Azteca, la
cantante-bailarina-conductora cubana Niurka se empeña por hacer del
escándalo una forma de competir con la misma baja calidad al talk show de Bozzo. Ambas parecen responder a un guión oculto: evitar cualquier politización de los temas y vampirizar las vidas ajenas.
Ambas juran que son una reedición mexicana de Ophra, la exitosa conductora de talk shows estadounidenses. Estos talk shows
son ediciones de un circo predecible, impostado, con demagogia
telegénica. Constituyen el ocaso de un género televisivo que se ha
utilizado en exceso para engañar a las audiencias. El truco es tan obvio
que ya ni siquiera divierte.
TERCERA ESCENA: En el programa conducido por Carmen Aristegui en MVS, la conductora Martha Susana, quien dirigió otros talks shows para
Venevisión, asociada a Univisión, denunció este martes que por órdenes
de “altos mandos” de Televisa y de TV Azteca, esta última empresa
canceló el plan para que ella condujera el programa que ahora tiene la
cubana Niurka.
Martha Susana no sólo habló con coraje. Denunció con detalle la trama del engaño que caracteriza a los talks shows en
los programas dedicados a audiencias hispanas (en Univisión, Televisa,
TV Azteca, Venevisión). Relató que ella descubrió que cuatro testimonios
eran “arreglados”, es decir ficticios. En Venevisión contrataron a unos
actores para que simularan un exhibicionismo emocional truculento.
La conductora, entrevistada por Aristegui, descorrió el velo de una
cortina que el control duopólico de la televisión comercial pretende que
se mantenga oculto en México: TV Azteca acabó doblegándose ante
Televisa para no contratar a una conductora que, por lo menos, no iba a
hacer un circo mezclado con propaganda ideológica y política.
Es predecible que el duopolio le recete un linchamiento mediático a
Martha Susana para que su denuncia se oscurezca. En el mejor de los
casos, la van a ignorar y censurarán en sus múltiples espacios
televisivos y radiofónicos cualquier referencia a su caso.
CUARTA ESCENA: El problema es que la violencia verbal que caracteriza a los talks shows ha
sido interiorizada por los voceros de ambas televisoras para criticar,
amedrentar y amenazar a todos aquellos críticos o periodistas que osen
cuestionar sus pactos.
Una demostración lamentable de ese macartismo se leyó en sendas cartas enviadas al periódico Reforma, el
pasado lunes 24, para desmentir al columnista Miguel Ángel Granados
Chapa. El periodista asumió su error al dar por buena una versión
extraoficial sobre la posible compra de Iusacell –perteneciente a Grupo
Salinas– por parte de Televisa. Lo hizo con valentía, de cara a sus
lectores y en su programa en Radio UNAM.
Granados Chapa demostró lo que todos los informadores sabemos: que el
periodismo no es una ciencia exacta, que todos podemos cometer errores.
Sin embargo, parece que el error era lo que esperaban Televisa y Grupo Salinas para aplicarle una serie de ataques al autor de Plaza Pública, la columna diaria más reconocida en el periodismo impreso.
Como si los comunicados los hubieran redactado los guionistas de
Laura Bozzo y Niurka, el desmentido de Televisa regaña a Granados Chapa:
“Si el señor Granados Chapa hubiera tenido el profesionalismo de
consultar a las empresas y personas citadas en su artículo, seguramente
lo hubiera redactado de forma distinta”. No basta el desmentido, hay que
regañar.
Pero el que se luce es el Grupo Salinas. Acusa a Granados Chapa de
difamar, de mentir, de burlarse de un grupo de “destacadísimos
pensadores mexicanos” que se opusieron a la reforma electoral de 2007 y
de “abusar” de la libertad de expresión.
¡Este es el tono del talk show disfrazado de desmentido! Y
sus voceros oficiosos, como Carlos Marín –quien seguramente nunca se ha
equivocado en sus columnas y notas periodísticas– califica en Milenio Diario a Granados Chapa de “timador contumaz”. ¡Qué tal!
Ese mismo día, la Canitec –organismo que publica desplegados para
beneficiar siempre los intereses de Televisa– le recetó una serie de
invectivas al presidente de la Cofetel, Mony de Swaan. El pretexto fue
la posible modificación del título de concesión a Telmex para que preste
servicios de televisión restringida.
Canitec regaña a De Swaan –como no lo hizo en otros casos polémicos,
entre ellos la licitación 21. Afirma que el presidente de Cofetel hizo
declaraciones “ligeras e irresponsables”.
No queda claro si la ira de Canitec y de Televisa contra De Swaan
tiene su origen sólo en el caso de Telmex o en su posición a favor de
licitar una tercera y cuarta cadena de televisión, posibilidad que
afectará los intereses del duopolio.
Este es el México de los “valores”, de los “héroes” y, por supuesto, del talk show decadente que ambas televisoras buscarán promover en 2011 como parte de su Iniciativa.
martes, 25 de enero de 2011
La violencia ¿para qué ?
Violencia: ¿por qué y para qué?
Denise Dresser
“La práctica de la violencia, como toda acción, cambia al mundo, pero el cambio más probable es un mundo más violento.”
Hannah Arendt
MÉXICO, D.F., 24 de enero.-
PROCESO
“Otro golpe al crimen”, anuncian los
titulares de los periódicos. “Otra aprehensión de un capo importante”,
declara el vocero Alejandro Poiré. “Otro decomiso de proporciones
históricas”, asegura algún general del Ejército. Día tras día, la
letanía de cifras y capturas y datos diseminados para constatar la
victoria, evidenciar el éxito, argumentar que el Estado va recuperando
los espacios que perdió. Pero para la población las declaraciones
vertidas carecen de sentido. Las cifras celebradas no alteran la
sensación compartida de miedo. La narrativa gubernamental no altera la
percepción de inseguridad prevaleciente. Y todo ello lleva a las
preguntas ineludibles: ¿La estrategia del gobierno de Felipe Calderón es
causa de la violencia que va en ascenso? ¿El combate al narcotráfico ha
resultado contraproducente? ¿Agitar el avispero ha llevado tan sólo a
más picaduras de avispas?
En los últimos años, México padece niveles de violencia sin
precedentes. Como argumenta Fernando Escalante en el artículo La muerte
tiene permiso –publicado en la revista Nexos–, la tasa nacional de
homicidios sube 50% en 2008, y de nuevo 50% en 2009, llegando a 19 mil
809. La tendencia ascendente se da en el segundo año del gobierno de
Felipe Calderón y se vuelve imperativo entender por qué. La explicación
oficial se ha vuelto un lugar común: Los homicidios provienen de
cárteles peleando contra cárteles; las muertes son producto de la
confrontación entre capos; la violencia es resultado de una estrategia
exitosa, no de una intervención ineficaz. Se nos dice que México es un
país más violento porque los criminales desesperados se están destazando
entre sí: La Federación de Sinaloa contra la organización de Vicente
Carrillo Fuentes; Los Zetas contra el Cártel del Golfo; Héctor Beltrán
Leyva contra La Barbie; criminal contra criminal.
Y entonces, según la estrategia gubernamental, la violencia se vuelve
aceptable, justificable, hasta necesaria. El número creciente de
homicidios se convierte en prueba de que Felipe Calderón va ganando la
guerra cuyo nombre dice desconocer. El aumento de los asesinatos se
convierte en validación de una lucha a la cual le ha apostado su
presidencia. Más muertos, más éxito. Más interdicciones, más
disrupciones. Más capturas de capos, más luchas intestinas entre ellos.
La violencia es vendida como un fenómeno coyuntural, que disminuirá
cuando los narcotraficantes hayan terminado de matarse entre sí. La
violencia es presentada como ingrediente indispensable de una ofensiva
militar diseñada para sacudir el balance de poder dentro de los cárteles
y obligarlos a pelear para mantener su propio territorio o adueñarse
del mercado de sus rivales.
Pero, ¿y si la violencia no es causa de la estrategia gubernamental,
sino su efecto? ¿Y si la violencia es usada no sólo por
narcotraficantes, sino también por otros grupos armados que recurren a
ella para defender lo que creen que es suyo ante el desmoronamiento de
la autoridad? ¿Y si la “guerra contra el narcotráfico” fuera el
contexto, pero no la explicación? ¿Y si la violencia no fuera muestra
del poder del Estado, sino evidencia de su mala imposición? Como señala
Escalante, la violencia de los últimos años está muy concentrada en
algunos estados y en algunos municipios de esos estados. Allí se dan la
mayoría de los decapitados y los calcinados, los acribillados y los
torturados: en Nayarit y Sinaloa y Sonora y Michoacán y Guerrero y
Durango y Chihuahua. Pero curiosamente la geografía de la violencia no
coincide con la ruta del narcotráfico y los muertos no son sólo quienes
vivían y se enriquecían con él. En esos estados, la violencia tiene una
explicación distinta a la versión oficial; posee una lógica diferente a
la narrativa gubernamental.
Y los números de Escalante muestran una realidad preocupante, una
coincidencia alarmante. En diversos estados la tasa de homicidios se
dispara a partir de la fecha del despliegue del Ejército y las fuerzas
federales. El arribo de tropas no reduce la violencia. Al contrario,
parece exacerbarla. El patrullaje de la Policía Federal no contiene la
inseguridad. Al contrario, parece llevar a su aumento. Lo que se
presenta como “éxito” está lejos de serlo en los municipios donde salir
por la noche se ha vuelto peligroso, donde comer en un restaurante se ha
vuelto un riesgo, donde asistir a una fiesta equivale a poner la vida
en juego. Los operativos conjuntos pueden ser, literalmente, el beso de
la muerte.
Este argumento parece contraintuitivo, pero lleva a conjeturas
interesantes. La llegada del Ejército muchas veces trae consigo el
desmantelamiento de la policía municipal. Y esa policía –corrupta,
infiltrada, cooptada– era la encargada de mantener el orden a través de
acuerdos informales, de pactos extralegales. Su desaparición trae
consigo el desmoronamiento de pactos ancestrales, de negociaciones de
largo tiempo y de largo alcance. La paz corrupta desde abajo es
sustituida por la imposición del orden desde arriba. Y ese orden
impuesto desde el Ejecutivo federal es demasiado intermitente, demasiado
insuficiente, demasiado desconocedor de la realidad local. Como señala
el documento de Stratfor Global Intelligence titulado Mexican Drug Wars:
Bloodiest Year to Date, el Ejército Mexicano y la Policía Federal no
tienen la capacidad para estar en todos los sitios todo el tiempo. Y
tampoco pueden instituir –de la noche a la mañana– el imperio de la ley
en un andamiaje construido sobre la corrupción y la complicidad.
La presencia del Ejército genera vacíos que cualquier persona con un
arma se apresta a llenar; la presencia de la Policía Federal genera la
incertidumbre que distintos grupos armados quieren aprovechar. Ya sean
comuneros o ejidatarios o rancheros o talamontes o contrabandistas o
ambulantes o policías privados o guardaespaldas o sindicalistas o
expolicías. El rompimiento del orden local genera la defensa de lo
individual.
domingo, 23 de enero de 2011
Bozzo: Una peruana peligrosa en México
Laura Bozzo... ¡Que pase la condenada...!
Ángel Páez
Proceso
En el año 2000 Vladimiro Montesinos –jefe de los servicios
de inteligencia de Perú, actualmente encarcelado por espionaje,
corrupción y delincuencia organizada– entregó dinero del erario a su
amiga Laura Bozzo para que el programa de televisión Laura en América
apoyara la reelección del entonces presidente Alberto Fujimori. En julio
de 2006 un tribunal demostró dicha manipulación política y condenó a
Bozzo a cuatro años de “prisión en suspenso” por ser cómplice de
peculado y responsable del delito de asociación ilícita. Ahora Televisa
la presenta como una más de sus estrellas…y quizás de Calderón.
LIMA, 22 de enero (Proceso).- La candidatura presidencial de Keiko Sofía Fujimori, hija del encarcelado exmandatario peruano Alberto Fujimori, apela a figuras de la televisión y del deporte para presentar una nueva imagen, una que busca borrar los episodios de crimen y corrupción del gobierno de su padre.
La estrategia publicitaria de Keiko Sofía ha recordado a los electores peruanos el papel que desempeñó Laura Bozzo en la reelección de Fujimori en 2000, después de que la prensa descubrió que en la actual lista fujimorista de aspirantes al Congreso aparecen excolaboradores de Vladimiro Montesinos, el jefe de los servicios de inteligencia del régimen de Fujimori y amigo íntimo de Bozzo.
Entre los fujimoristas que quieren llegar al Parlamento aparece un viejo amigo de Montesinos y Bozzo: el retirado general de la policía Juan González Sandoval, El Chacal.
Durante la campaña reeleccionista de Fujimori en 2000, Montesinos puso a disposición de la presentadora de televisión a El Chacal para desacreditar en su programa, Laura en América, al principal candidato presidencial de la oposición, Alejandro Toledo. González Sandoval habló con Lucrecia Orozco, madre de una pequeña llamada Zaraí, y la convenció de presentarse en el programa de Bozzo y ahí, públicamente, exigir a Toledo que reconociera la paternidad de la menor y el pago de una pensión.
Esta operación fue financiada por el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el aparato de represión criminal que dirigió Montesinos.
El martes 28 de marzo de 2000 Laura Bozzo presentó a Lucrecia Orozco quien, en medio de un desconsolado llanto, acusó a Toledo de no reconocer a Zaraí. La presentadora sepultó con insultos al entonces candidato.
Detrás de lo que se presentaba como un justo reclamo –durante su gobierno Toledo terminaría por admitir la paternidad de la niña– se ocultaba al público peruano una maniobra de Montesinos en coordinación con Laura Bozzo para destruir al candidato opositor, quien era un peligro para la reelección de Fujimori.
Extracto del reportaje que se publica en la edición 1786 de la revista Proceso, ya en circulación.
LIMA, 22 de enero (Proceso).- La candidatura presidencial de Keiko Sofía Fujimori, hija del encarcelado exmandatario peruano Alberto Fujimori, apela a figuras de la televisión y del deporte para presentar una nueva imagen, una que busca borrar los episodios de crimen y corrupción del gobierno de su padre.
La estrategia publicitaria de Keiko Sofía ha recordado a los electores peruanos el papel que desempeñó Laura Bozzo en la reelección de Fujimori en 2000, después de que la prensa descubrió que en la actual lista fujimorista de aspirantes al Congreso aparecen excolaboradores de Vladimiro Montesinos, el jefe de los servicios de inteligencia del régimen de Fujimori y amigo íntimo de Bozzo.
Entre los fujimoristas que quieren llegar al Parlamento aparece un viejo amigo de Montesinos y Bozzo: el retirado general de la policía Juan González Sandoval, El Chacal.
Durante la campaña reeleccionista de Fujimori en 2000, Montesinos puso a disposición de la presentadora de televisión a El Chacal para desacreditar en su programa, Laura en América, al principal candidato presidencial de la oposición, Alejandro Toledo. González Sandoval habló con Lucrecia Orozco, madre de una pequeña llamada Zaraí, y la convenció de presentarse en el programa de Bozzo y ahí, públicamente, exigir a Toledo que reconociera la paternidad de la menor y el pago de una pensión.
Esta operación fue financiada por el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el aparato de represión criminal que dirigió Montesinos.
El martes 28 de marzo de 2000 Laura Bozzo presentó a Lucrecia Orozco quien, en medio de un desconsolado llanto, acusó a Toledo de no reconocer a Zaraí. La presentadora sepultó con insultos al entonces candidato.
Detrás de lo que se presentaba como un justo reclamo –durante su gobierno Toledo terminaría por admitir la paternidad de la niña– se ocultaba al público peruano una maniobra de Montesinos en coordinación con Laura Bozzo para destruir al candidato opositor, quien era un peligro para la reelección de Fujimori.
Extracto del reportaje que se publica en la edición 1786 de la revista Proceso, ya en circulación.
viernes, 21 de enero de 2011
México: espeluznante realidad
La espeluznante realidad
Sara Lovera
Proceso
MÉXICO, DF, 20 de enero (apro).-
La violencia en México se
ha disparado. El investigador Fernando Escalante Monsalbo publicó en el
último número de la revista Nexos un estudio basado en las
cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática
(INEGI), que muestra un aumento en los homicidios en el país hasta de
50%, respecto de lo que él mismo publicó un año antes, cuando sostuvo
que habían disminuido sistemáticamente las muertes violentas.
Reconoce que entre 2008 y 2009, en el segundo año de gobierno de
Felipe Calderón, se rompió la tendencia de manera violentísima y dice,
sin acabar de reconocerlo, que ello tiene relación con la forma como se
ha enfrentado al crimen organizado y ligado a la declaración de guerra. Y
si no está relacionado el crecimiento de los homicidios con la guerra
¿entonces? La conclusión es sencilla, en esas cifras están escondidos el
feminicidio y la violencia contra las mujeres, que entre 2009 y junio
de 2010 cobraron la vida de mil 728 mujeres.
¿Por qué tomo a Escalante como referencia? Porque su estudio
publicado hace más de un año causó, frente a los hechos y las cifras, un
verdadero escándalo, porque sólo le creyó Héctor Aguilar Camín, que
está prendido de la idea de que seguimos en la transición democrática y
ahora Calderón Hinojosa no sabe qué hacer frente a las elecciones del
Estado de México, el próximo 3 de julio, donde se dará la batalla más
importante hacia 2012.
Lo cierto es que la noticia de la negativa del Sistema Nacional para
Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mueres
(SNPASEVM) para establecer la alerta de género en el Estado de México ha
mostrado como nunca el límite de la norma legal frente a la realidad
interesada en no mirar lo que está pasando en esa región del país que,
por no ser la única, es una zona donde la muerte tiene permiso y todo
mundo quiere ocultarlo para quedar bien con Enrique Peña Nieto, el
elegido del antiguo partido de Estado.
En la tierra de Peña Nieto no pasa nada. Es como puede interpretarse a
las 20 funcionarias priistas que dirigen Institutos de las Mujeres que
coincidieron en que no era necesaria la declaratoria de alerta contra la
violencia de género en tierra mexiquense.
Claro, se trata de funcionarias adheridas directa e indirectamente al
Partido Revolucionario Institucional (PRI), mujeres que han logrado, a
veces como parte de un gabinete, el ansiado sitio donde se toman
decisiones, ese que denodadamente muchas desean.
En el Estado de México no existe un Instituto de las Mujeres y
actualmente se concentran algunas exmilitantes feministas que están
asesorando el programa electoral del próximo candidato o candidata a la
gubernatura.
Ahí, donde en dos años han sido documentados los asesinatos de 446
mujeres, donde existen al menos seis municipios de verdadera
peligrosidad, el mismo lugar donde los índices de delincuencia se han
disparado y hay más de 30 mil órdenes de aprehensión sin cumplirse,
relacionadas con ejecuciones, secuestros, homicidios, lesiones, robos
con violencia y violación a mujeres. Sí, es el Estado de México donde
–dijeron-- no es necesaria la declaratoria de alerta de género.
El pasado 8 de diciembre, la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción
de Derechos Humanos y el Observatorio Ciudadano Nacional del
Feminicidio solicitaron al SNPASEVM una declaratoria de alerta de
violencia de género en el Estado de México, mecanismo creado a partir de
la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia,
con el objeto de investigar y tomar medidas inmediatas e integrales para
erradicar la violencia feminicida detectada en esa entidad.
La respuesta fue sorprendente. El 11 de enero el Sistema Nacional
decidió de manera infundada, en sesión extraordinaria, negar la
procedencia de dicha solicitud. Dijeron que no ¿por qué no? No se sabe
quién se come a quién, porque mientras tanto también en los pasillos
calderonistas se oculta cómo crecieron los feminicidios en el país y se
buscan justificaciones biologistas o neurolingüísticas para explicar la
violencia que los hombres ejercen contra las mujeres.
Lo más grave, dicen los pronunciamientos que han menudeado ante la
inexplicable decisión, es que se anuló la posibilidad de sentar un
precedente para operar un mecanismo de ley encaminado a proteger a las
mexicanas de la violencia feminicida, y todos los estudios niegan los
diagnósticos que colocan al Estado de México como una entidad en la que
la discriminación femenina y la falta de valoración de las mujeres ha
provocado que el feminicidio crezca y mutile miles de vidas y deje
huérfanos a miles de niños y niñas, mientras el gobierno actual no ha
resuelto la impunidad que lo rodea.
Las mujeres organizadas por ahora protestan y denuncian: la
determinación tomada fue contraria a los estándares internacionales de
protección a una vida libre de violencia, fortalece el patrón de
impunidad y de discriminación y hace ver que en México puede haber
leyes, pero mientras no haya cambio de conciencias y verdaderos
compromisos, no podemos consentir a las autoridades, como se les
justifica y consiente cuando únicamente cumplen con su deber, si es el
caso.
¿Qué se buscaba con la alerta? Se buscaba iniciar una investigación,
apresar a los delincuentes, tomar medidas precautorias en los lugares
peligrosos y salvar vidas. No sólo intentar detener la violencia contra
las mujeres y sus asesinatos, sino hacer operar la seguridad, tan
llevada y traída en los vacíos discursos.
Se trataba de revisar los 546 asesinatos, tener acceso a los
expedientes, pedir rendición de cuentas, como cuando se solicitó en
Chihuahua desde 1993. Se desoyó esa solicitud y el resultado fue
fatal, la impericia y el desprecio son inenarrables.
Las frases, incluso tecnocráticas: “Modificar el patrón de
impunidad”, tampoco fueron oídas. Lo cierto es que ahora esta decisión
pone en evidencia el límite de las mujeres que consiguen esos puestos,
quienes han preferido proteger a su probable candidato que ejercer lo
que muchas funcionarias de los Institutos de las Mujeres pregonan. Ellas
no sólo encubren y manipulan, sino que forman parte de la simulación
generalizada.
Es verdad que no tienen herramientas ni dinero, tienen limitación en
sus intervenciones, e incluso algunas argumentan: “Somos tan pocas” y
“no nos hacen caso”. Bueno, entonces, como diría en su célebre frase el
empresario Alejandro Martí: “Si no pueden, que renuncien”.
Lo espeluznante es lo que pasa y lo que sabemos. De todas las
víctimas la autoridad dice que en 99 casos no están identificadas.
Recuerdo entonces a los y las funcionarias de Chihuahua por el
feminicidio de Ciudad Juárez y las mil y un clasificaciones, si son o no
feminicidios, si eran por razones de género, si en realidad son
asesinos en serie, y mientras tanto continúa esta barbarie.
Es grave que ante las grandes deficiencias del sistema de justicia,
uno de los pocos mecanismos de protección ideal con los que cuentan las
mujeres y la sociedad civil estén en manos de los intereses políticos y
de autoridades que se encuentran en el poder. Este será uno de los
arietes en la discusión política electoral, sin duda. Hace falta mayor
presión.
En estos días habrá solidaridad con las mexicanas en muchas partes
del mundo, se insiste en nuevos mecanismos legales, como la modificación
de la Ley General de Acceso de las Mujeres una Vida Libre de Violencia
para que se incluya la participación ciudadana y académica en el Sistema
Nacional con el objeto de que se garantice un mecanismo imparcial y
efectivo.
También se pide la modificación del Reglamento de la Ley para
eliminar los requisitos que van más allá de los establecidos por la Ley
General y se exige que los Institutos de las Mujeres estén dirigidos por
mujeres comprometidas con los derechos de las propias mujeres y no con
los intereses políticos.
El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio ha documentado la
gravedad del problema en el Estado de México; los diagnósticos que la
Secretaría de Gobernación tiene engavetados y despreciados pudieran ser
el comienzo de una solución global, siempre y cuando se pidan cuentas.
Es curioso cómo se manipula la información en las televisoras que se
benefician de estos ocultamientos y cómo se desvía la atención de los
problemas de fondo. Mientras tanto, veremos este año, en tierra
mexiquense, la danza de los discursos y un constante enfrentamiento.
Comentarios: saralovera@yahoo.com.mx
martes, 18 de enero de 2011
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